Hoy puedo decir que estoy de duelo pero los recuerdo con alegría, esperanza y fe de volver a verlos

Actualizado: mar 1



Mi nombre es Silvia Borges, soy de Uruguay tengo 35 años.


Y parte de mi triste historia comienza así:

En el año 2018 mi madre fue diagnosticada con EPOC, cosa que fue errónea no era esa su enfermedad, al hacerle un funcional respiratorio se dieron cuenta de que no era eso pero ella y los médicos así lo dejaron solo le pidieron que dejara de fumar.


Al cabo de un año empezó a sentirse mal, cansada con fiebre y así pasó una semana, solo decían que era una bronquitis crónica y el EPOC.


Hasta que decidí llamar a un médico que es de la familia y contarle la situación; en el instante que le conté lo que pasaba me pidió que la llevase a emergencias en donde él trabaja, no dudamos en nada.


En ese momento éramos 5 hermanos, ahora somos 4, pues allá fuimos y él le puso oxígeno enseguida porque saturaba 84, cosa que estaba muy mal, en ese momento mandó hacerle una placa y análisis, salió una mancha en el pulmón y que ya tenía sospecha de que era cáncer, mandó hacer una tomografía con contraste y ahí el resultado horrible que me lo confirmaban a mi, no sabía cómo decírselo no sabía cómo asimilarlo, así que respire ondo y fui a verla a emergencias.


Mi primo que es el médico que la diagnosticó ya se había ido, había terminado su turno, quedó en contacto y fue él el que me avisó vía telefónica de allí le dieron el alta y fuimos a la casa de mi primo con mis hermanos.


Fue tan difícil afrontar el decirle, fue tan valiente cuando se enteró, lo tomó tan bien que nos sorprendió, dijo esto no es mío y si es, Dios me lo quita.


Bueno pasado los meses empezó quimioterapia ya que ya se encontraba en manos de oncólogos, diagnosticaron un tumor primario de 9 cm en el pulmón derecho con metástasis en bronquios y por debajo de la aorta, solo le daban 6 meses de vida, esto fue en agosto de 2019.


Ella seguía su tratamiento y con un ánimo que era admirable, nos daba fuerzas a nosotros, decía que iba a luchar por nosotros y sus nietos.


Jamás tuvo náuseas, ni vómitos, ni nada. Los oncólogos no podían creer como el cáncer no avanzaba y el tumor primario había disminuido a 4 cm., ella solo se internaba cuando le hacían las quimio después estaba en su casa, yo vivía en otra casa pero cerca de ella con mi esposo y mis dos hijas.


Vino la pandemia en el mes de marzo y ella se encontraba internada pero esta vez haciéndose radioterapia para terminar de matar el tumor primario,

la que estuvo con ella en el hospital era mi hermana que vivía con ella y es mucho mayor que yo, sus hijos ya son grandes y casados.


Yo viaje a otro departamento dentro del país con mi esposo y mis hijas ya que él tenía que trabajar allá, queda a 300 kilómetros de la capital donde vivimos.


En el mes de marzo yo me iba ya al viaje y pase por su casa a saludar a mi hermano que estaba allí y estaba muy asustado con la pandemia, no quería ni salir y además se quedó sin trabajo estaba pagando un vehículo que había comprado y muchas cosas más, logramos despedirnos y nos fuimos.


Yo hablaba todos los días con mi mamá y 2 o 3 veces por semana con mis hermanos.


Un 19 de abril de 2020 mi hermano me llamó por vídeo llamada y hablamos mucho, sin pensar que ese día sería el último que lo vería, dos días después el 21 de abril fallece a las 00:15 de un paro cardíaco, cosa que no supe hasta las 22 PM, mi otro hermano mayor que vive en el mismo terreno en una casa al fondo, no lo vio en todo el día, al llegar la tarde noche, llama al teléfono de mi hermano la novia de mi hermano fallecido preguntando si lo habían visto, ya que había quedado de ir a su casa y además no contestaba su celular.

Al escuchar eso mi hermano golpeó su puerta y su ventana, llamó a su celular y nada, hasta que decidió romper la puerta de entrada y allí se encontró con nuestro hermano de 47 años muerto en su dormitorio, no fumaba jamás lo hizo no se drogaba, no tomaba, era un hombre sano.


Mi hermano llamó a la policía todo un protocolo, después me llamó a mi y me dijo no te pongas loca por lo que te voy a decir (Pensé en mi mamá ahí), le digo habla ¿Qué pasó? y me dice: el chacho (su sobrenombre) está muerto…, lo encontré muerto al lado de su cama y colgó.



No sé cómo explicar lo que sentí, mi hija de 14 años me puso un calmante debajo de la lengua ya que sufro de ansiedad y ahí llamé a mi esposo que se encontraba trabajando es camionero.


Dejó su trabajo y vino en el camión a la casa y fuimos a la estación de autobús a preguntar a qué hora salía el primero a Montevideo, salía a las 3 am fueron horas interminables.

Al llegar a Montevideo capital, tenía que ir a contarle a mi mamá que su hijo había muerto, fue una de las peores cosas, llegar a ese hospital y al verme me dice te volviste no supe qué decir, hablamos otro rato hasta que llegó una prima para apoyarme en decirle, la sentamos yo me arrodille frente a ella, mi hermana la tomó de una mano y mi prima de otra ahí le dice: bueno tía tengo que darte una noticia muy mala que vas a tener que ser muy fuerte para soportarla (pensó que su cáncer estaba por todo su cuerpo) anoche encontraron a chacho muerto en tu casa.



Aún siento su llanto desgarrador por sus preguntas de ¿por qué a él y no a ella? y muchas cosas más, la abrace muy fuerte y solo le pedí que por favor si sentía algo más que no fuera normal a sentir dolor, rabia, tristeza y todo lo que se pueda sentir lo dijera porque yo no quería que se me fuera ella ahí también, lloró y con una entereza admirable nos abrazo y nos dijo Dios sabe lo que hace, quizás de algo lo protegió de un dolor más grande, así que ahora voy a seguir por los que me quedan y por mis nietos.


Ese día a las 12 del medio día tenía radio y fue a hacérsela, digna de admirar su corazón desgarrado de dolor pero fuerte para que no cayéramos nosotros, no hubo velatorio solo dimos sepultura al otro día y la dejaron salir del hospital y ella después de dejar a su hijo en un cementerio, se fue de nuevo al hospital y siguió luchando pero su tristeza se le notaba.


En el mes de agosto hacía un año de su lucha y ella seguía, hasta que lamentablemente el cáncer agarró su esófago garganta y hasta su cabeza, no podía tragar, no podía beber un sorbo de agua porque se le iba a los pulmones.


Y así luchó día tras día, mojando solo sus labios con una gasa, me mudé a su casa porque jamás la dejé sola desde la muerte de mi hermano era yo su enfermera, la que la bañaba y ponía oxígeno, al último estaba con morfina y le daban convulsiones decía divagues.


Llegó el 7 de noviembre y festejó sus 80 años con sus hijos, nietos, hermanos, sobrinos y ese día estaba radiante, se paró de su silla de ruedas.


A los 20 días, el 27 de noviembre de 2020 a las 14:10 PM vi su último suspiro, la noche anterior en coma, como estaba mi esposo le tocó la guitarra y ella abrió sus ojos y lo miro, ahí le cantamos y quedó despierta mientras lo hacíamos.


A la mañana siguiente ya no abrió los ojos y su respiración había cambiado, tome sus exhalaciones por minuto y ya eran menos de 10 que tienen que ser 16 o'18 y a los pocos minutos agarre su mano le di un beso y le dije partir en paz mamá, le recé un padre nuestro y falleció… pero la vi irse la vi dejar de sufrir, se reflejó en su cara la paz y fue lo que me transmitió… el 2020.



Para mí no fue nada fácil pero a pesar de todas las tristezas me dejó muchas enseñanzas, no hay que preguntarse ¿por qué? sino ¿para que?, no les voy a mentir que no duele sus ausencias físicas porque mentiría pero algo bueno nos dejó ella, que siempre hay que luchar y nos enseñó a no rendirnos.


Espero no sea muy larga mi historia que Dios les de consuelo como yo lo he logrado, hoy puedo decir que estoy de duelo pero los recuerdo con alegría y como eran ellos, con la esperanza y fe de volver a verlos.